Cuando tu visión política está tan profundamente sesgada, no te cuesta demasiado considerar que tu adversario político no sólo está equivocado, sino que es malvado. Si ellos son el mal, tú necesariamente eres el bien. Si eres el bien no puede ser malo censurar el mal. Porque las ideas del mal son negativas en sí mismas. Son peligrosas por su mera existencia.
No importa que seáis progresistas o conservadores: tenéis tendencia a pensar exactamente eso sobre el bando contrario.
O como lo definió sardónicamente Ambrose Bierce en ‘El diccionario del diablo’: “Conservador: dícese del estatista enamorado de los males existentes, por oposición al liberal, que desea reemplazarlos por otros”.
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