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55. Indicadores del maltrato psicológico

moral o psicológico.

En esta exposición tratare de abordar el tema de la violencia privada o silenciosa y que la ubicaremos dentro del acoso

Para ser capaces de reconocer sí estabas o no sufriendo un maltrato psicológico es fundamental saber diferenciar a qué se le llama violencia doméstica y a qué violencia Aquí, simplemente, tratare de exponer de lo que trata la violencia privada o silenciosa y que la trataremos de clasificar o encuadrar dentro del acoso moral o psicológico y que se basa en: dominio, violencia indirecta y separación.

El dominio da comienzo cuando el movimiento afectivo empieza a faltar, es decir, cuando el narcisista perverso impone su dominio para retener a la víctima. Es en esta fase cuando la víctima se deja vencer por la duda y por la culpabilidad, ¿pero duda y culpabilidad por qué? La víctima pierde todo su control y toda su capacidad de reacción ante la actitud

devastadora del agresor. El regodeo y la satisfacción del narcisista es paralizar, bloquear, asediar, acorralar, etc.

a la víctima colocándola en una posición de confusión e incertidumbre. Es aquí donde se puede acabar con una persona que está siendo sometida a un maltrato psicológico. La víctima comienza a tomar tranquilizantes, antidepresivos, e incluso, puede llegar hasta dejar de alimentarse. Es con esta actitud, de la víctima, que le está transmitiendo al agresor que se

siente anulada psicológicamente y es ahí donde radica el éxito o el triunfo del narcisista porque ha conseguido su propósito. Siente que la víctima ya no es NADIE. No hay sangre, no hay cadáver. El muert@ esta viv@ y no hay nada que pueda incriminar al agresor.

En este punto referencio la violencia perversa o indirecta, es decir, aquel tipo de violencia que no deja marcas físicas. Este tipo de violencia siempre suele aparecer en los momentos de crisis y la demuestra con la falta de respeto, la falta de responsabilidades ante el fracaso en la relación y por ello que descarga toda su ira, sin medir las consecuencias que

acarrea en la víctima. ¡Eso no va con él o ella! Cuando a estos personajes se les frustra una relación de pareja, más fuerte será su conducta perversa porque, aparentemente, el agresor mantiene que su relación de pareja fluye con toda normalidad. No aceptan que la víctima o la pareja diga BASTA y carga toda la culpa, el desamor y la falta de respeto a la víctima de ese maltrato. Llegados a este punto el agresor hace ver que él es la víctima e invierte los papeles. Busca el modo, forma y manera de hacer creíble que está siendo sometido a una actuación reprensible. Él o ella quedan como las

pobres víctimas y nunca más lejos de la realidad.

La separación es el momento de la ruptura o divorcio de la pareja y conlleva un efecto destructor. Cuando da comienzo este proceso, el movimiento del perverso se acentúa a unos niveles desmesurados porque la violencia solapada lleva al agresor a percibir como su “presa” o víctima se le escapa a su total dominio.

En muchos casos este tipo de personajes recurren al acoso y lo expresan, bien con amenazas, con llamadas telefónicas y en muchos casos hasta llegan a suplicar el perdón aduciendo cambios de actitud y que posteriormente, jamás llegan a cumplir, todo esto en el supuesto que la víctima esté dispuesta a perdonar o a parar el proceso de separación. Ese perdón, reclamado por el agresor, nunca se hará efectivo, todo lo contrario será mucho más devastador y mucho más cruel por ponerlo en evidencia.

Un hallazgo que queda muy patente en este proceso de la separación es el comportamiento del perverso narcisista que se niega a tener una comunicación directa con la víctima ya que él o ella no pueden entender que se les termine el acoso moral al que han sometido a la víctima durante un tiempo indeterminado.

Cuando la víctima, que ha sido sometida a miles de vejaciones, llega a tomar la decisión de poner punto final a esa relación tóxica desaparece esa sensación de miedo, de duda, de turbación, de inseguridad, etc. y, toda esa zozobra se torna en valentía, coraje y Sólo una mujer o un hombre que haya perdido la dignidad y que por fin la haya

recuperado o este en trámites de hacerlo, sabe todo lo que ha pasado y que ha llegado la hora de decir SE ACABO estar con un energúmeno emocional.

Digamos BASTA sin excusas, y vamos a quedarnos con el aprendizaje de las experiencias vividas. Un divorcio es o al menos debe ser un adiós literal cuando hemos estado con un perverso narcisista.

Amparo Huélamo Gaspar.
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