“Puede haber una ralentización de la recuperación y un impacto claro en los precios”, admitió este jueves pasado la propia Nadia Calviño, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos, al ser preguntada por el golpe económico de la guerra en Ucrania. La incertidumbre es mayúscula, y pocos analistas se aventuran a poner cifras concretas al efecto sobre el PIB de España. Entre las primeras aproximaciones, la previsión a nivel global de Moody’s ve un impacto de hasta 3 puntos ante un conflicto “duradero” en el cuarto trimestre, desde un crecimiento del 3,5% hasta casi el estancamiento (ver gráfico).
Según Reuters, Philip Lane, economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), manejaba la semana pasada un riesgo “medio” de un 0,4% para la eurozona en 2022 y de un 1% en el análisis más extremo. Y el peor escenario calculado por Allianz Research para el conjunto de países del euro apunta a 1,5 puntos, desde el 3,9% al 2,5% para el año.Lo que ya es inevitable es que las estimaciones previas a la guerra se han quedado obsoletas. La última del FMI llevaba el crecimiento de España al 5,8% en 2022, con la absorción de los fondos europeos -las inversiones favorecidas por el Next Generation EU- como uno de los principales aceleradores, con un impacto positivo de cerca de 1,5 puntos, según el Banco de España, y que el Gobierno llegó a situar en 2,5 puntos.
La guerra en Ucrania, con la presión sobre la inflación por la escalada de las materias primas, principalmente del petróleo, del gas y de cereales como la cebada y el trigo como principal consecuencia, amenaza ya con borrar buena parte de este efecto, calculado para la absorción de entre 21.000 y 25.000 millones de euros de estos fondos.
Y eso pese a que las relaciones comerciales de España con Rusia y Ucrania apenas representan un 2% de las importaciones y exportaciones totales. “Nuestra dependencia directa de Rusia a través de comercio o dependencia energética es relativamente pequeña. Por desgracia, no podemos escaparnos de las enormes subidas de los precios energéticos independientemente de que les compremos poco gas y petróleo”, reflexionaba en el inicio de la invasión Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics.
BBVA Research desglosó en el último trimestre de 2021, en su estimación de un crecimiento del 6,5% para 2022, que el coste de la electricidad pesaría 0,8 puntos, el precio del petróleo un 0,3, los cuellos de botella de la cadena productiva global 1,2 enteros y el retraso en la ejecución de los Next Generation apenas 0,3 puntos. El impacto de todos estos factores se agrava con la guerra de Ucrania: el precio de luz alcanza máximos históricos por la escalada del gas y el precio del petróleo ha subido un 40% desde el inicio del año en el mercado de futuros, desde los 80 dólares por barril de Brent a casi 120.
“Los efectos están directamente relacionados, los precios de la energía tienen un alto peso en el cálculo de la inflación, que ya se encontraba en máximos de las últimas décadas, y una alta inflación en un entorno de tipos bajos provoca un sobrecalentamiento de la economía que la lleva a una desaceleración”, observa Joaquín Robles, analista económico de XTB, quien considera que, “además, la subida progresiva de precios reduce los márgenes de las empresas y provoca la pérdida de capacidad adquisitiva de los consumidores, que son el principal motor de crecimiento de una economía”.
Un riesgo asociado es que el empujón a la recuperación que se reservaba para la segunda gran palanca de la política económica comunitaria, el fondo Next Generation, se mitigue ante el menor atractivo de las inversiones por la mordida de la subida de los precios -especialmente crítica para la industria más intensivas en energía y las infraestructuras más dependientes de las materias primas- y por la incertidumbre general, según reconocen desde distintas empresas y fuentes de la patronal que prefieren no ser citadas.
Otro impulsor del crecimiento de España es el turismo, como uno de los segmentos de actividad importantes cuya recuperación completa se ha retrasado por las restricciones a la movilidad. Antes de la pandemia llegaban a España más de 1,3 millones de turistas rusos, “y cabe esperar una reducción de estos flujos como consecuencia de las sanciones y la depreciación del rublo”, lamenta el investigador Enrique Feás.
En la misma línea, el economista y secretario de estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, advirtió este viernes en Twitter que “hay que afrontar el impacto económico que este conflicto va tener en nuestro país”. En su opinión, “una mayor inflación puede suponer una pérdida de poder adquisitivo de los salarios, y el deterioro de la competitividad externa de las empresas; y, junto a la incertidumbre económica, este incremento de costes podría llegar a reducir el consumo de hogares y la inversión empresarial”.



