Es evidente que la pandemia actual está alterando el mundo en gran medida. Al sufrimiento humano le seguirán unas consecuencias económicas que cambiarán nuestra forma de vida. Pero, ¿qué ocurrirá cuando la situación llegue a su fin y la gente vuelva a trabajar a sus oficinas, vaya a restaurantes, etc. y reanude lo que antes se consideraba “normal”? ¿Es posible que el mundo vuelva a ser lo que era o habrá una nueva normalidad? ¿Y cómo sería esa nueva normalidad?
Creo que éstas serían las predicciones más fiables: El mundo no volverá a ser el mismo y las empresas funcionarán de manera diferente, tanto antes como después de encontrarse una vacuna. Millones de personas habrán adquirido cierta experiencia de trabajo en casa y muchas de ellas serán conscientes de las ventajas del teletrabajo. También habrá personas más necesitadas del contacto humano que tal vez no vayan a la oficina a diario, pero sí querrán trabajar en ella algunos días de la semana. En última instancia, las empresas tendrían que remodelarlo todo, incluidas sus políticas e infraestructuras. Por consiguiente, la nueva normalidad será diferente a lo que estamos acostumbrados.
Una forma común de prever el futuro es examinar el pasado. Como bien señaló el historiador científico James Burke, no hay otro sitio en donde mirar. Así pues, antes de considerar el futuro, quizás valga la pena mirar al pasado. Destaca lo corta que ha sido la historia del “entorno de oficina tradicional”. En los albores de la Revolución Industrial en Inglaterra alrededor de la década de 1750, la oficina era simplemente donde se realizaban los trámites de una fábrica y normalmente se ubicaba encima de ésta. Quienes trabajaban en la fábrica y la oficina vivían a poca distancia, y todos tenían un horario establecido de entrada y salida. Los más afortunados tenían libre la tarde del sábado y la empresa organizaba una semana anual de vacaciones, cuando todos los empleados viajaban en tren a alguna ciudad turística en la costa.
Aunque ese sistema fue adquiriendo complejidad, prevaleció en cierta medida en Gran Bretaña y otros países industrializados hasta la década de 1970, cuando las empresas comenzaron a trasladar las fábricas a ubicaciones más baratas. Pero los trabajadores seguían trabajando en las oficinas, ya que tenían que comunicarse entre sí y usar las máquinas necesarias para las operaciones del negocio: desde el sistema central que ejecutaba la contabilidad hasta el departamento de correo donde se recibían y procesaban los cheques y las facturas. En la década de 1990 las organizaciones ya podían distribuir sus oficinas en múltiples ubicaciones, aunque no siempre fuera fácil. Fue entonces cuando se trasladaron a otros países muchos centros de atención telefónica, y departamentos de asistencia técnica y mecanógrafos. Y así se mantuvieron las cosas durante 20 años. La tecnología ha facilitado una nueva forma de trabajar, pero pocas empresas la han adoptado. Al parecer, la cultura empresarial se imponía a las ventajas obvias.
No obstante algunas empresas, principalmente de software, optaron por la nueva fórmula y se hicieron completamente virtuales. Muchas de ellas tenían una cultura orientada al futuro que aspiraba a captar el mejor talento disponible en el mundo. Esas empresas visionarias tenían una ventaja competitiva para contratar al mejor personal, independientemente de su ubicación geográfica. Así empezó a estandarizarse el tener programadores en Londres o en Pekín o en Bombay. Lo único que les hacía falta era una buena conexión a Internet. Pero la mayoría de las empresas ni siquiera consideraron esa posibilidad. Y hay que decir que tampoco habría sido viable para muchas de ellas. El rendimiento de los ingenieros de software es fácil de medir: o completan un proyecto o no lo completan. Pero para la mayoría de las empresas, tener la capacidad de interactuar con otros y construir algo juntos es tan importante como el rendimiento o más. Por lo tanto, la mayoría de las empresas restringían la posibilidad de trabajar desde casa a empleados veteranos o a quienes hubieran demostrado su plena dedicación. Muchas de ellas simplemente se resistían a creer que los empleados iban a trabajar estando en casa. Curiosamente, la evidencia ha demostrado todo lo contrario…
Hoy, el nuevo coronavirus (COVID-19) está obligando a las empresas a reevaluar su estrategia. Lamentablemente las compañías que no puedan adaptarse no lograrán sobrevivir. También es preocupante que algo tan devastador como la pandemia actual tenga que ser el catalizador del cambio. Pero el cambio como reacción a eventos traumáticos es parte de la condición humana.
Durante los últimos 20 años, diversos acontecimientos hacían pensar que se generalizaría el trabajo desde casa y/o el teletrabajo en general. Pero no fue así. ¿Por qué no? Resumidamente, la tecnología no estaba preparada y la oportunidad pasó antes de que se hicieran planes a largo plazo.



